Crónica 3. Recinto amurallado. Ávila 1958

3. Recinto amurallado La Muralla de Ávila constituye su propia seña de identidad histórica y cultural desde el momento de su bendición por el obispo Pelayo en 1090.


El perfil que dibujan los 89 torreones y los muros con 2.500 almenas y 2,5 Km. de longitud, que abarcan un recinto de unas treinta y tres hectáreas, reflejan una atractiva silueta que es permanente fuente de inspiración literaria y artística.

A los pies de la rocosa cerca discurren las aguas del río Adaja que mueven las turbinas de la fábrica de la luz y de la fábrica de harinas que antes fue la Real Fábrica de Algodón inaugurada en 1788. En la misma zona donde vivieron molineros, curtidores y tintoreros se encuentra el molino harinero de la Losa, un viejo palomar donde se dieron cita los comuneros, la ermita de San Segundo donde se venera el santo obispo, y las antiguas tenerías recientemente descubiertas.

La mitad Este del recinto amurallado, la parte más llana donde habitaron nobles y clérigos, aparece difuminada con la zona de expansión de la ciudad. La otra mitad del recinto, antiguo barrio de judíos, conserva su traza más rústica y campestre en las abundantes huertas y establos ganaderos cuyas cercas se divisan con claridad.

Es el barrio de San Esteban que tiene su centro en la ermita del mismo nombre y cuya calle principal es la vía romana nombrada de Vallespín o de la rúa, la cual parte del Mercado Chico y pasa frente a la Academia de Intendencia ubicada en el Palacio de Polentinos desde 1875.

En la misma horizontal la muralla se abre al norte por la puerta del Carmen, mientras que al sur sobresalen las torres de las iglesias de Santiago y San Nicolás.

(Jesús Mª Sanchidrián Gallego).

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