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Mujeres en la historia

PERDER UNA BATALLA PARA GANAR UNA GUERRA
CLARA CAMPOAMOR

Clara Campoamor (Madrid, 1988) no pudo estudiar de joven como habría querido. Con trece años quedaba huérfana de padre, por lo que tuvo que abandonar sus estudios y ayudar a su madre cosiendo, como dependienta y telefonista.

Tenía 21 años cuando aprobó unas oposiciones al cuerpo auxiliar de Telégrafos y posteriormente como profesora de taquigrafía y mecanografía. Con estos trabajos, que compaginaba haciendo de secretaria en distintos periódicos, pudo ahorrar el dinero suficiente como para iniciar sus estudios de Bachillerato. Tenía entonces 33 años. Tres años después se había licenciado en Derecho.

Que una mujer consiguiera una licenciatura en aquellos primeros años del siglo XX era algo más que anecdótico. Pero que una mujer quisiera ejercer la profesión en la que se había licenciado era aún más extraño. Clara no dudó en solicitar su inscripción en el Colegio de Abogados y empezar a ejercer como tal.

En 1931, con la República, se modificaba la Ley Electoral y se permitía a las mujeres mayores de 23 años poder ser elegidas en el Parlamento. Clara Campoamor, junto a Victoria Kent y Margarita Nelken, fueron las tres únicas mujeres que consiguieron un escaño.

Uno de los temas que se debatieron con gran intensidad en aquel parlamento republicano fue el derecho al voto de la mujer. Lo curioso fue que el enfrentamiento más vehemente lo protagonizaron dos diputadas. Mientras Clara defendía que la mujer, como el hombre, debía de tener pleno derecho a votar, sea cual fuera su tendencia política, Victoria aseguraba que el sufragio femenino supondría una amplia derrota de la izquierda, pues estaba convencida de que las mujeres defenderían mayoritariamente las ideas de derechas.

Clara se arriesgó y siguió defendiendo su postura hasta que consiguió su aprobación el 1 de octubre de 1931. Cuando dos años después las urnas dieron la razón a Victoria Kent, Clara tuvo que asumir su derrota y las críticas que sobre ella llovieron desde los partidos de la izquierda. 

Entre 1936 y 1972, Clara vivió exiliada en París (Francia), Buenos Aires (Argentina) y Lausana (suiza), donde falleció a los 84 años.

Comprometida con sus ideales hasta el último momento, Clara Campoamor es una de las grandes figuras del siglo XX en España. Cuando las mujeres eran una gran minoría en las universidades españolas, Clara consiguió hacerse un hueco y se licenció en Derecho. Cuando ellas raramente ejercían, Clara trabajó como abogada y tramitó los primeros divorcios. Cuando las mujeres no existían en el Parlamento, ella entró en el hemiciclo defendiendo sus derechos. Cuando incluso había mujeres que no aceptaban el voto femenino, Clara Campoamor luchó por conseguirlo.
 


ROBERTA GIBB (1942)

Era 1966 y Roberta “Bobbi” Gibb, una joven nacida en Boston (Estados Unidos), atlética y deportista, llevaba ya dos años entrenándose para correr en la famosa maratón de su ciudad. A la hora de hacer la inscripción, recibió la contestación de que la maratón solo era para hombres, porque –le dijeron- las mujeres no tenían condiciones fisiológicas para correr grandes distancias en virtud de la normativa de la Unión Atlética Americana, que limitaba al sexo femenino a competencias iguales o menores a 2,4 km.

‘Bobbi’ Gibb cogió el autobús a Boston y una hora antes de la maratón, en la que iban a participar más de 500 corredores, comenzó a rondar el área y se escondió detrás de unos arbustos. Cuando todos comenzaron a correr, se unió a la carrera bajo la mirada incrédula de unos corredores y el apoyo de otros. A medida en que avanzaba en kilómetros, se corrió la voz de su hazaña y las mujeres fueron vitoreándola en el recorrido.

Bobbi tuvo que soportar el dolor de correr con los pies ensangrentados, por tener que usar zapatillas de hombre, pero llegó a la meta en un tiempo de 3 horas, 21 minutos y 40 segundos.

Bobbi se convirtió en la primera mujer en participar en  la Maratón de Boston, aunque no fue hasta 1971 que se permitió de manera oficial dejar participar a las mujeres.

Años más tarde, fue reconocida como ganadora femenina de la Maratón de Boston en las ediciones 1966, 1967 y 1968. Su nombre, Roberta Louise Gibb, fue inscrito en el Museo de la Boston Athletic Associations.



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