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Mitos sobre la violencia machista

Cuando hablamos de los mitos de la violencia machista, nos referimos a un conjunto de creencias estereotipadas con las que se explica de una forma un tanto simple y sesgada este tipo de violencia, su origen y características.

 

Mediante el uso de mitos se minimiza la gravedad de la violencia que sufren las mujeres, se justifica al agresor y/o se culpabiliza a la mujer de los abusos sufridos.

Para sospechar de una afirmación y ponerla en tela de juicio es interesante tener presente estas cuestiones:

  • Recela de los argumentos que empiecen con “esto no lo leerás en ningún medio de comunicación” o “esto no interesa que se sepa”.
  • Fíate solamente de los datos emitidos por organismos oficiales o por entidades que puedan demostrarlo.
  • Antes de compartir algunas de estas afirmaciones, infórmate y asegúrate de que no son bulos o fake news. De lo contrario, estás contribuyendo al engaño.


“La violencia no tiene género”

Desde el año 2003, momento en el que comenzaron a contabilizarse las víctimas mortales de violencia de género, hasta el 13 de abril de 2020 han sido asesinadas por sus parejas o exparejas un total de 1.051 personas.

El 85,8 por ciento de las víctimas mortales a manos de su pareja o expareja fueron mujeres, según datos del Consejo General del Poder Judicial.

Con mayor frecuencia se denomina a la violencia de género violencia machista, debido a que cada vez está más claro que esta violencia tiene su origen en un marco machista y todas las creencias, valores, estereotipos y roles que conlleva. No es una violencia casual ni esporádica, son conductas premeditadas con una naturaleza definida, por lo que la violencia sí tiene género desde el momento en el que el motivo por el que se sufre esa violencia es únicamente pertenecer a un determinado género.

“Hay muchas denuncias falsas”

Este es un mito muy extendido que carece de argumentación objetiva y demostrable, puesto que quienes lo defienden utilizan argumentos como “no interesan que salgan los datos reales” o “yo conozco a un tío, primo, amigo, vecino o compañero de trabajo que le han condenado por violencia de género y era todo mentira, era una denuncia falsa”.

Tanto la Fiscalía como el Consejo General del Poder Judicial, además, recogen y publican datos de los procesos judiciales.

“Las mujeres denuncian para quedarse con la custodia de los hijos, la casa o el coche”

Este mito está relacionado muchas veces con el anterior (denuncias falsas) y pretende hacer creer que muchas mujeres denuncian falsamente a su pareja cuando quieren separarse para poder tener la custodia de los hijos o quedarse con propiedades.

Según un informe del Consejo General del Poder Judicial de 2013, un 3,3 por ciento de las decisiones adoptadas en los Juzgados de Violencia sobre la Mujer se refirieron a custodias.


“Es una ley que discrimina a los hombres”

El Tribunal Constitucional ha rechazado sucesivamente la idea de discriminación de los hombres cada vez que ha examinado estos tipos penales modificados por la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.


“Los hombres padecen a menudo violencia psicológica”

No se puede negar que existen casos de hombres que sufren violencia tanto física como psicológica por parte de su pareja o expareja (violencia doméstica) y, al igual que en la violencia de género, es un delito. La desigualdad de género es perjudicial tanto para mujeres como para hombres y en los casos de violencia doméstica se puede observar cómo influye. Debido a los roles y estereotipos de género, que nos dicen que los hombres deben ser fuertes, valientes y los cabezas de familia, muchos hombres que sufren violencia por parte de su pareja o expareja deben hacer frente a una gran presión social que en ocasiones impide que den el paso para denunciar esa situación.

Pese a que esta afirmación no es un mito, sí lo es una de las justificaciones más comunes que intentan respaldarla, como es que las mujeres son más “malas” que los hombres y “expertas en el maltrato psicológico”. Esta afirmación carece de fundamento.


“Cada año mueren más de 30 hombres a manos de sus parejas o exparejas”

Para romper el mito de que cada año hay más de 30 hombres asesinados por sus parejas o exparejas, podemos acudir a los datos oficiales.

FUENTE: Informe del Grupo de Expertos y Expertas en Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial / CADENA SER

Entre 2016 y 2018, según las cifras del CGPJ, 22 hombres fueron asesinados por mujeres que eran su pareja o expareja frente a las 151 mujeres fallecidas en ese mismo periodo por un varón con el que tenían o habían tenido relación sentimental.


  VICTIMAS MORTALES  
  MUJERES  HOMBRES
2016 38 10
2015 38 9
2014 54 8
2013 54 6
2012 52 4
2011 63 7
2010 74 7
2009 56 10
2008 73 6

 


“Ellas eligen hombres violentos”

Esta afirmación es una consecuencia del desconocimiento existente sobre cómo funciona y, sobre todo, cómo comienzan las relaciones que a posteriori se convertirán en violencia de género.

Al inicio de la relación, los maltratadores se suelen mostrar encantadores, detallistas, atentos… comportamientos que hacen que la víctima se enamore ciegamente y vea al maltratador como un “príncipe azul”.

Antes de empezar a tener actitudes violentas, los maltratadores utilizan otras herramientas para aislar a su víctima, hundir su autoestima o generar dependencia emocional, de modo que cuando se muestra violento, la mujer tiene mermada su capacidad de reacción e incluso de percepción de la realidad.


“Algo habrá hecho ella”

¿Una víctima de atentado terrorista ha tenido la culpa de sufrirlo?

¿Si te roban el móvil mientras paseas por la calle, tienes tú la culpa?

Ninguna víctima de ningún delito ha hecho nada para sufrirlo. En cualquier delito la culpa debe recaer sobre el delincuente, no sobre la víctima.

Una mujer que sufre violencia de género no ha hecho nada para sufrir esas humillaciones, vejaciones o agresiones. Nada justifica tales actos.


“La violencia es un problema de las clases bajas”

La violencia de género se da en todos los países de todos los continentes, se ha dado a lo largo de la historia y se da en todas las clases sociales, sin distinción de edad, nivel académico o económico. El origen de esta violencia se encuentra en una mentalidad machista que se puede dar en cualquier persona.

“A mí me dan una bofetada, pero no me dan dos”

El maltrato físico en la violencia de género no surge de forma aislada, sino que existe un proceso previo en el que, entre otras cosas, se da un maltrato psicológico, muy difícil de apreciar en las primeras etapas, que hace que la mujer vea minimizada su autoestima y que provoca una gran dependencia emocional. Ambos factores, sumados al concepto de amor “romántico” que desde edades muy tempranas se ha tendido a mostrar y del que salen ideas como que “el que bien te quiere te hará llorar”, “los amores reñidos son los más queridos”, “el amor todo lo puede” o “todo lo que se haga por amor bien hecho está”, crean un caldo de cultivo idóneo para que la mujer tarde mucho en ser consciente de lo que está sucediendo y esté en plenas capacidades psicológicas para afrontarlo.


“Si está tan mal, ¿por qué se queda?”

Cuanto mayor es la conciencia que se está teniendo de que la violencia de género es un problema de salud pública más se está estudiando sobre sus características y peculiaridades.

Qué les está pasando a las mujeres que sufren este tipo de violencia es una de las áreas en las que más se está avanzando: Síndrome de Estocolmo Doméstico, de Indefensión Aprendida o de Adaptación Paradójica a la Violencia son algunas de las denominaciones que se plantean.

El estado psicológico provocado por el terror que siente, la baja autoestima que le ha provocado el maltratador o la gran dependencia emocional surgida, entre otros factores, hacen que a la mujer le cueste mucho tomar la decisión de huir de esa relación. No hay que olvidar tampoco la idea, aún presente en la actualidad en el cine o la literatura, de que la mujer con su amor puede cambiar al hombre “por muy malo que sea”.


“Los hombres son por naturaleza violentos”

Los hombres, por el mero hecho de pertenecer al género masculino, no son violentos. Esta generalización no tiene ninguna base científica. Si bien es cierto que a los hombres se les inculcan desde pequeños valores más asociados a la importancia de la fuerza como método para resolver conflictos (juguetes bélicos, juegos de peleas o guerras, películas de acción donde todo se resuelve con el uso de la fuerza y la violencia…) no a todos les influye por igual ni condiciona de la misma forma su personalidad.

Un maltratador no nace, se hace.


“Son personas enfermas”

La violencia de género tiene un proceso y unas fases bien definidas que implican tener pleno conocimiento de lo que se está haciendo: enamoramiento, aislamiento, reducción de la autoestima... Una persona “enferma” actuaría igual con su pareja, con amistades, compañeros de trabajo…

La violencia de género tiene su origen en una idea y unos valores (machismo), no en algo biológico. Puede haber maltratadores que tengan alguna enfermedad mental y maltratadores que no, pero esta enfermedad no es la causa por la que ejercen el maltrato, lo ejercen por su concepto de relación entre hombres y mujeres basado sobre una determinada ideología discriminatoria hacia las mujeres por el solo hecho de ser mujeres.


“Sufren ataques de ira y no pueden controlarse”

Si un maltratador no pudiera controlar los ataques de ira, le sucedería desde antes de empezar la relación. Además, los ataques de ira pueden sufrirlos en cualquier ámbito de su vida, rodeado de amistades, compañeros, vecinos… y con esas personas no muestran violencia. Incluso, en muchas ocasiones, los maltratadores son personas respetadas e integradas dentro de su comunidad, en el trabajo o su grupo de amistades.


“Les pegaron de pequeños, los pobres reproducen lo que han visto en su casa”

Si bien el haberse criado en el seno de una familia donde existía la violencia de género es un factor de riesgo que puede provocar que ese niño, de mayor, reproduzca los roles que ha observado en su padre, este factor de riesgo no implica necesariamente que ese niño vaya a ser un maltratador.

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