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La Muralla en la mirada. Crónica 7. Orgullosa y altiva con su abrigo de muralla

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En los albores del siglo XX, Ávila recibe la visita de un viajero ilustre que recorre la ciudad a medio día y a pleno sol cargado con su equipo fotográfico. Este singular personaje que retrata los monumentos y las gentes era Alois Beer, un fotógrafo austriaco autodidacta premiado en exposiciones internacionales, que trabaja para la corte real del imperio y viaje por el mundo para recoger imágenes de tipos y costumbres con los que ilustrar libros de arte y viaje.


Entre las fotografías de Alois Beer en 1900 destaca una vista estereoscópica “desde la Cruz de Piedra sobre el Adaja, el sitio justo para admirar el panorama de la ciudad” amurallada, se apunta en la guía donde se incluyen por Augusto L. Mayer.

Otras vistas seleccionadas retratan el puente “romano”, el convento de La Santa, la basílica y la puerta de San Vicente. Ávila, “nacida en la desértica meseta castellana, protegiéndose de forma orgullosa y altiva con su abrigo de muralla, se encuentra en un trapecio oblongo en el lomo de una montaña plana que cae de forma abrupta hacia tres lados. Sólo el Adaja, que discurre por el oeste, lleva algo de vida a esta naturaleza rígida”, dice A. Mayer.

Siguiendo la estela viajera de tantos otros fotógrafos transeúntes, hacia 1900 llegó a la capital abulense Mariano Moreno García (1865-1925), un fotógrafo que había trabajado como jornalero hasta ingresar como aprendiz en el estudio del Laurent donde permaneció hasta la muerte de éste en 1893. En la panorámica de la muralla que toma Moreno a finales de siglo se observa el lento devenir de la ciudad en estos treinta años pasado desde que Laurent retratara la misma vista, donde sólo se aprecia la construcción del nuevo puente sobre el Adaja y la modernización de la fábrica de harinas, en la que se ha instalado moderna maquinaria y una chimenea, y se ha eliminando del edificio el torreón que sobresalía de la cubierta, observándose también la restauración del cubo de la muralla que estaba desmochado. Por lo demás, la contemplación de la ciudad en esta vista ofrece toda su grandiosidad y espíritu ancestral, lo mismo que en esas otras tomas que hizo Moreno de la puerta del Alcázar, la iglesia de San Pedro o la de San Francisco.

En cuanto a la importante obra fotográfica que realizó Mariano Moreno, cabe decir que la misma constituyó el embrión del “Archivo Moreno”, fundamental para el estudio del patrimonio histórico español y cuyas imágenes de Ávila han sido utilizadas para ilustrar la ciudad en multitud de obras de arte, historia y arquitectura.

En el mismo año de 1900, la imprenta de El Diario de Ávila, sucesor de El Eco de la Verdad, publicó el libro Monumentos de Ávila. Guía para visitar la ciudad, escrito por Fabriciano Romanillos y Fernando Cid con la colaboración artística de Ángel Redondo de Zúñiga. La colaboración de Ángel Redondo consistió en ocuparse de la reproducción de veinticuatro fotograbados de la ciudad encabezados por una vista general de Ávila y su muralla con los Cuatro Postes en primer plano, para lo cual utiliza copias hechas por él mismo, y otras de Laurent, Lévy y Lacoste. Algunos de los fotograbados incluidos en la guía de Romanillos ya habían sido reproducidos en el periódico local El Eco de la Verdad en el número extraordinario dedicado a Santa Teresa de 1896.

Ángel Redondo de Zúñiga fue un fotógrafo que eligió Ávila como escenario artístico de su actividad profesional y a quien vemos colaborando con frecuencia en las publicaciones abulenses desde principios de siglo, aunque tenía con estudio en la calle San Agustín, 3 de Madrid. Una fotografía suya, donde se ve un mendigo a la puerta del convento de Santo Tomás junto a un niño, comiendo ambos la “sopa boba”, fue “diploma medalla de oro” en el concurso organizado en 1901 por la Sociedad Fotográfica de Madrid que ganó Antonio Cánovas del Castillo y en el que otra fotografía de Ávila de Narciso Clavería obtuvo una medalla de oro por una imagen del coro del Monasterio de Santo Tomás.

Junto a José Lacoste, Ángel Redondo instaló en Madrid en 1903 un importante taller de fotografía y fototipia de tarjetas postales ilustradas en el que se anuncian interesantes vistas de Ávila, entre las que sobresalen espléndidas panorámicas de la ciudad amuralla y otras del cimorro de la catedral, el paseo del Rastro y de tipos y escenas populares. Las bellas y originales fotos de Ángel Redondo también fueron comercializadas con los sellos de la fototipia Laurent, Lacoste, Hauser y Menet, y Thomas, haciendo constar en dichas tarjetas “Cliché de Ángel Redondo de Zúñiga” o “Fotografía A. R. Z.”. En 1904, Ángel Redondo ilustró con cuatro fotografías el número extraordinario de El Diario de Ávila dedicado a Santa Teresa, lo que le valió merecidos elogios de la redacción del periódico y, especialmente, de Valentín Picatoste, quien además alaba su participación en la Exposición de Arte Monumental Español.

Ya en 1914 la revista La Fotografía que dirigía Antonio Prast y presidía Ramón y Cajal publica una bella fotografía en color (autocromo) de personajes típicos abulenses de su redactor y secretario Ángel Redondo, quien también estuvo vinculado al movimiento pictorialista, pertenecía a la Sociedad Fotográfica Madrileña, y formaba parte de la colonia veraniega de Ávila.

Jesús Mª Sanchidrián Gallego

(Foto: Puerta del Alcázar. Mariano Moreno, h. 1888)

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