Crónicas Abulenses IV

CRÓNICAS ABULENSES IV. ÁVILA AJARDINADA EN BLANCO Y NEGRO.
Presentación

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Las crónicas reunidas en esta sección tratan sobre el paisaje urbano y la naturaleza ordenada en Ávila, así como sobre la representación gráfica y literaria del ajardinamiento de la ciudad. Más concretamente, sobre la implantación y evolución de sus espacios verdes urbanizados concebidos para el uso y disfrute de la población que vive en la ciudad, incluyendo aquí parques y jardines, paseos, calles y plazas, patios nobiliarios y monásticos, atrios parroquiales, y cualquier lugar donde crecen los árboles que sombrean y cobijan la ciudad del sol. Todos ellos vistos a través de la fotografía antigua que también utilizamos para su ilustración, de los proyectos de intervenciones municipales y de los testimonios gráficos y literarios recogidos en guías y otras publicaciones de la época.

El espacio de tiempo seleccionado para esta recreación en la que nos ocupamos abarca desde 1850 a 1950, y tiene como simple justificación, además de la cifra cabalística que engloba una centuria, ser el periodo más significativo e ilustrativo de la evolución de los paseos y jardines que tradicionalmente han disfrutado los abulenses, los cuales ya forman parte del imaginario colectivo con el que se construye la historia de la ciudad. Se dejan fuera para otra ocasión los espacios naturales de disfrute común más alejados de la ciudad, como la arboleda del santuario de Sonsoles o el parque de El Soto.

Jesús Mª Sanchidrián Gallego
(Foto: Arboleda en la ribera del río Adaja, hacia 1898. Autor sin identificar. Colección particular)



Enlace a la sección Crónicas abulenses I. Ávila 1958

Enlace a la sección Crónicas abulenses II. Mercado Grande

Enlace a la sección Crónicas abulenses III. La Muralla en la mirada

(Pulsa sobre el titular para leer más y sobre la imagen para ampliar)

Ávila ajardinada 21 Son numerosas las informaciones que guardan las actas del ayuntamiento y las intervenciones que hicieron los arquitectos municipales, destacando entre ellos Eduardo Vázquez de Zúñiga en 1863, Ángel Cosín en 1875 y Emilio González en 1914. También hubo épocas de sequía, abandono y “atentados” que hicieron peligrar la supervivencia del arbolado, tanto que a partir de los años veinte, y ya entrada la segunda mitad del siglo pasado, el parque presentaba una imagen poco alentadora, como bien ha estudiado Sonsoles Nieto Caldeiro.

Ávila ajardinada 20El parque de San Antonio, situado a la entrada de Ávila por su lado Este, surge como paseo y alameda pública en el siglo XVI, coincidiendo con la fundación del convento de los frailes franciscanos de San Antonio, formado por una frondosa arboleda presidida por la fuente monumental de la Sierpe, tal y como reseñaron Antonio Cianca en 1595, el Padre Ariz en 1604 y Bartolomé Fernández Valencia en 1676.

Ávila ajardinada 19 La recreación plástica y visual de los paseos y jardines de Ávila tiene uno de sus mayores exponentes en la fotografía, y más concretamente en las fotografías antiguas y en las viejas tarjetas postales que tanto proliferaron en la primera mitad del siglo XX. A través de ellas observamos la querencia ciudadana por estos espacios que alcanzaron para los viajeros la misma relevancia que los monumentos de la ciudad histórica.

Ávila ajardinada 18La representación gráfica de Ávila y sus jardines se encuentran su reflejo en los distintos planos que se hicieron de la ciudad a partir de la segunda mitad del siglo XIX.  Además, también aportan información valiosa los proyectos que hicieron los arquitectos municipales sobre distintas intervenciones realizadas a para atender el embellecimiento y mejora de los parques urbanos con los que señoreaban sus habitantes.

Ávila ajardinada 17 Los jardines y paseos de San Antonio, el Recreo y San Roque surgen santificados por los fundadores de los conventos de San Antonio, Santa Ana y Las Gordillas, y a la sombra de los paredones de sus huertas, aspecto que destacó Antonio Veredas:

“Entre todos los innumerables paredones abulenses, ninguno es tan popular y favorecido por la amistad general como los que se extienden al largo del paseo de San Roque y del jardincillo del Recreo, con sus bancos corridos que yo comparo a las repisas que hay en algunos hogares, abarrotadas de muñequitos y otras lindezas” (“Cuadros abulenses”, 1937). 

Ávila ajardinada 16 Tanto los textos literarios como la representación gráfica de la ciudad nos enseñan que Ávila desde antiguo tiene cuatro paseos y jardines públicos, a saber: San Antonio, El Rastro, San Roque y El Recreo.

Ávila ajardinada 15La historia paisajística de la capital abulense tradicionalmente ha estado vinculada a los paseos y jardines de San Antonio, el Recreo, el Rastro y San Roque, y de igual manera con su recreación fotográfica.
Ávila ajardinada 14 El entorno natural de Ávila se caracteriza entonces por los paseos arbolados que bordean la muralla llamados del Rastro y de la Ronda Norte; las alamedas periféricas de San Antonio, Santa María de la Cabeza, San Nicolás y el Rastro; los caminos de acceso a la ciudad con plantíos como los que vienen desde la Salamanca y Madrid; y la siempre cubierta ribera del río Adaja.
Ávila ajardinada 13 Nuevas panorámicas tomadas por el arquitecto diocesano Isidro Benito en el siglo decimonónico nos enseñan por el Norte las huertas de Prado Sancho, por el Este el paso por el puente del ferrocarril con la frondosidad de la arboleda de San Antonio y el camino que discurre paralelo a la carretera de Villacastín, por el Sureste el Paseo de San Roque en toda su extensión.

Ávila ajardinada 12Desde la perspectiva que ofrece la línea del ferrocarril, Santayana describe la fugacidad de la imagen con la misma precisión que un disparo de retratista:

“Cada vez que, viniendo de París en las décadas de 1880 y 1890, después de mi segunda noche en tren, me advertía el amanecer que debía estar acercándome a mi destino, era siempre latiéndome el corazón como buscaba los nombres de las últimas estaciones, Arévalo, luego Mingorría, tras la cual, en cualquier momento, podía esperar ver a la derecha las perfectas murallas de Ávila en suave declive hacia el lecho del río invisible, con todos sus baluartes reluciendo claramente  a los horizontales rayos del sol y la torre catedralicia en el centro, sobresaliendo sólo un poco sobre la línea de las almenas y no menos imperturbablemente sólida y grave.

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