Ávila ajardinada en blanco y negro. Crónica 30. El Paseo de san Roque

Ávila ajardinada 30 A la salida de la ciudad, por detrás de la iglesia de San Pedro, sigue el paseo de San Roque, una solana sin árboles y con asientos que es mirador al sur de la cabecera del Valle Amblés donde sobresale el convento de Santo Tomás y siguen las torres de las iglesias de Santiago y San Nicolás con atrios sombreados de árboles que sobresalen por encima del viejo caserío del extrarradio.


Discurre el paseo paralelo al muro del convento de las Gordillas en dirección al antiguo camino de Madrid por El Escorial, habiéndose arreglado y reparado por el Ayuntamiento en 1857, como bien se recoge en el plano de Coello de 1864 y también retrató el arquitecto Isidro Benito a finales del siglo XIX y describió Fabriciano Romanillos. Al suroeste de la huerta de las Gordillas se encontraba la ermita de San Roque, y a partir de 1867 al final del paseo se levanta la plaza de toros de la ciudad, sobre cuyo horizonte se elevaban antiguos molinos de viento que construyó el cabildo catedralicio en 1791 y que a principios del siglo pasado retrató Ángel Redondo de Zúñiga en una pintoresca postal.

En la cabecera del paseo de San Roque, a finales del siglo XIX ya existía una zona arbolada, como se observa en la fotografía de Isidro Benito y contó Romanillos en su guía de 1900. Fue en 1946 cuando se acabó de ordenar “un nuevo parque con vistosos jardines. Desde él se contempla una hermosa vista panorámica, divisándose al fondo el aeródromo de “Los Llanos” y la Ermita de Sonsoles, que puede apreciarse durante la noche por un faro de luz intermitente”, escribieron Rafael Gómez Montero y Luis Belmonte.

Jesús Mª Sanchidrián Gallego

(Foto: Paseo de San Roque y molinos de viento al fondo. Ángel Redondo de Zúñiga, hacia 1902)

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