Mercado grande. Crónica 8 Un lindo y cómodo paseo

 

8. Crónica 8 En 1869 ya habían terminado las obras proyectadas por Cossin, y con ellas el Mercado Grande “se embelleció con un lindo y cómodo paseo”, escribió Carramolino.

 


Igualmente se sustituyeron los bajos y toscos soportales adintelados por otros más esbeltos y altos, regularizados con arcos de medio punto, sobre los que se levantaron dos plantas de viviendas en lugar de las viejas casas de corredor. El Ayuntamiento colaboró entonces en la realización de los veinticuatro arcos aportando 600 reales por cada uno, cuyo importe se abonó en diversos pagos, a la vez que se solicitó que el Gobierno Civil asumiera el coste de enlosado de los soportales, lo que se produjo en 1870. No obstante, los cuatro arcos que siguen a la calle Estrada fueron en un principio soportales adintelados, siendo en 1969 cuando se reconstruyó el edificio con arcos iguales a los del resto de la plaza.

Desde la terminación de las obras de Cossin, y hasta nuestros días, los simétricos portales de la plaza del Mercado Grande constituyen el paseo de invierno de la ciudad, y la arteria donde se desenvuelve la vida social de la población, como señaló ya en 1916 el cronista Mayoral.

Completan el plano de alineaciones de la plaza el nuevo trazado de la calle del Colegio, con el que se incorporan a la misma una parte del atrio de la fachada norte de San Pedro, según el proyecto del arquitecto municipal Juan Bautista Lázaro que se ejecutó en 1876. En 1883 la fachada norte de la plaza quedó igualmente configurada con las nuevas alineaciones que solicitaron los propietarios.

La fisonomía definitiva de la plaza pasará años después por la demolición del edificio de la Alhóndiga en 1882 y las casas que tras ella se adosaban al cubo del arco a la muralla, de cuyo derribo en 1911 y 1927 dio buena cuenta el cronista José Mayoral, cumpliéndose así un anhelo clamoroso mantenido desde mediados del siglo anterior, dice este autor.

En el mismo año en que se demuele la Alhóndiga, se proyecta la construcción de un monumento a las grandezas de Ávila y a Santa Teresa, el cual se concretó después en la conocida “Palomilla”. Al mismo tiempo, también se derriban las casas de tres plantas situadas junto al cubo de arco que da comienzo a la calle de San Segundo, y sobre el solar que queda se construye un nuevo edificio de cuatro plantas en chaflán y con bellos miradores e interesante factura por Manuel Dorado, el cual fue demolido igualmente casi cien años después en 1982 dentro del proceso permanente de transformación y remodelación al que ha estado sometido el Mercado Grande a lo largo de la historia.

El nuevo espacio de paseo y recreo fue completado con la plantación de arbolado que señoreaba en la plaza y servía para dar sombra a los puestos que se instalaban los días de mercado. Y cuando en 1898 el Ayuntamiento decidió reformar la glorieta de la plaza y cortar algunos árboles, fue clamorosa la oposición del vecindario y de la prensa local, lo que no sirvió de mucho, pues los árboles finalmente se cortaron. La electrificación de la plaza fue igualmente completada ese mismo año, con la colocación de otro arco voltaico en el centro del Mercado Grande, “que falta hacía, tanto como que se riegue bien el paseo”, finalizaba la noticia de El Eco de la Verdad.

Jesús Mª Sanchidrián Gallego

(Foto. Plaza del Mercado Grande. Tarjeta postal Hauser y Menet, h. 1921)

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